En los meses de verano entre Enero y Marzo, siempre mis padres y yo frecuentábamos la playa de la Herradura (Perú), yo tenía como unos 6 años, a mis hermanitos y a mí nos encantaba veranear en la playa, con ellos compartía a hacer castillos en la arena.
Mi padre a quién vi siempre como el que lo sabía todo y lo podía todo. Era tan divertido y emocionante ver hacer maravillas a mi padre con la arena, él nos enseñó a hacerlo, la primera vez él hizo el castillo de arena sólo, y fue genial pues era tan bello y grande que parecía que era un Castillo de verdad.
Tal vez no costaba nada pensar, que era nuestro castillo, al que nadie nos lo quitaría por nada del mundo, que bellos días que pasábamos recuerdo que lo hacíamos cerca al mar, y así traer rápidamente agua en nuestros baldecitos de plástico, era genial cuando terminábamos de hacerlo, pues quedaba tan inmenso y nosotros con el rostro tan soleados; con muchas ganas de comer helados.
A partir de ese día que aprendimos a hacer Castillo, todas las veces que veníamos a la playa lo hacíamos y nos divertíamos mucho.
Una de tantas veces, nuestro castillo quedo inundado de agua, pues estaba muy cerca de la playa y vino una ola y se quedo tan lleno de agua, que dijimos todos ¡Uyyyy! Que terrible ya hubo una inundación; y todos nos fuimos corriendo porque el mar avanzó y terminamos bañados y con la cara sucia de arena mojada, ja ja.
Que chistoso era pasar esos días en la playa haciendo castillo de arena.
Y al final al ocultarse el sol, nos daba pena separarnos del castillo, que finalmente dejaríamos para retornar a casa.
Ese era mi castillo de arena. Y yo una reina, una reina de castillos de arena.
Qué bello es pensar en los días que pasé, en los días que nunca olvidaré.
Mi padre a quién vi siempre como el que lo sabía todo y lo podía todo. Era tan divertido y emocionante ver hacer maravillas a mi padre con la arena, él nos enseñó a hacerlo, la primera vez él hizo el castillo de arena sólo, y fue genial pues era tan bello y grande que parecía que era un Castillo de verdad.
Tal vez no costaba nada pensar, que era nuestro castillo, al que nadie nos lo quitaría por nada del mundo, que bellos días que pasábamos recuerdo que lo hacíamos cerca al mar, y así traer rápidamente agua en nuestros baldecitos de plástico, era genial cuando terminábamos de hacerlo, pues quedaba tan inmenso y nosotros con el rostro tan soleados; con muchas ganas de comer helados.
A partir de ese día que aprendimos a hacer Castillo, todas las veces que veníamos a la playa lo hacíamos y nos divertíamos mucho.
Una de tantas veces, nuestro castillo quedo inundado de agua, pues estaba muy cerca de la playa y vino una ola y se quedo tan lleno de agua, que dijimos todos ¡Uyyyy! Que terrible ya hubo una inundación; y todos nos fuimos corriendo porque el mar avanzó y terminamos bañados y con la cara sucia de arena mojada, ja ja.
Que chistoso era pasar esos días en la playa haciendo castillo de arena.
Y al final al ocultarse el sol, nos daba pena separarnos del castillo, que finalmente dejaríamos para retornar a casa.
Ese era mi castillo de arena. Y yo una reina, una reina de castillos de arena.
Qué bello es pensar en los días que pasé, en los días que nunca olvidaré.

Diosaoasis